Además de estar en el momento adecuado a la hora más exacta las fotos de Julio siempre encabezan revueltas en el pensamiento. Lo que sigue es lo que las fotos este mes traen a la mente.
Los automóviles son algo increíble. Decía Borges que el libro, como objeto, era una extensión de la memoria y de la imaginación. El auto es algo parecido, aunque tanto combustible y contaminación, últimamente, hagan pensar al hombre (a ese hombre por encima del hombre promedio) que no es ya tan hermoso o que la cuestión es muy otra. Que “el mundo se ha vuelto pequeño”. Que “en caso de un choque el que tiene que hacer el papel de retorcerse es el auto mismo y no quien lo conduce”. Bla. Aunque sea uno de los objetos más hermosos y simbólicos (que no tiene que ver, aparentemente, con eso que llaman arte) que hayan salido de la imaginación humana. Sea dicho de una vez, a beneficio de la máquina: no es culpa del auto ser hijo del hombre.
Como Hijo del hombre (hombre con h minúscula) el auto no está hecho a imagen y semejanza de su creador (viejo lugar común en el que caemos todos cuando ocurre que pensamos en Dios): Hay demasiado hierro y humo involucrado. Digamos que el alma del hombre raras veces conjuga dichos elementos (aunque cuando sucede que se da, podemos encontrarnos con esos duros con corazones de oro, con siempre frente a ellos una como niebla, y es magnífico). Pero hay combustión en él, y está la Rueda (eso redondo que despierta tantos sueños) y con eso basta para pensar que el auto se asemeja a su creador, incluso a quien lo conduce.
Para amar los carros no es necesario haber sido hijo de un taxista (ese ser de la mitología moderna), o haber nacido en el asiento trasero de un taxi. No es necesario ni siquiera saber conducir, o en caso de que se sepa, y bien, tampoco es importante saber los procesos infinitos y alquímicos que hacen que el auto se ponga, también, como el resto del mundo, en movimiento. En todo caso lo que hay que saber es (o sentir, de esa manera que los hombres duros con corazón de oro y precedidos de una como niebla, sienten), al menos un poco, es esa desesperación que trae consigo un poco de vocación hacia las diminutas glorias de lo cotidiano. Me explico: On the Road, Ol’ 55, No Money Down, Used Cars, Racing In The Street, Diamonds On My Windshield, Race With The Devil, etc.
En fin, que si el hombre es libre en algún momento, el auto es una extensión de ese momento y de esa libertad.
Las fotos aquí expuestas son esa ventana.
Héctor Rodríguez de la O.
Y si la libertad no fuera más
que acero y
aceite
Algo circular, combustible
e incendiario,
como un ojo.
Hubo un tiempo
en el que el resto del mundo
se parecía a ti.
Ahora
sigues siendo igual
a ti mismo.
Una ventanilla y un rostro
inexplicable
(pero de alguna manera, elocuente)
cuya existencia real
explica la eternidad
de ese momento.
Que no es un accidente.
Aunque esconde algo sagrado.
Las casas están ahí, indefensas, también.
Los hilos que mueven el destino del hombre
son siempre invisibles:
No,
en este instante.
“Now mister the day the lottery I win
I ain’t ever gonna ride in no used car again.”
Used Cars, Nebraska, Bruce Springsteen.
Algunas formas de la libertad
vinieron a mí esta mañana:
Una de ellas consistía
en ir detrás de un caballo,
de una mula,
de mis deseos.
Todo eso y el mundo que lo rodeaba
estuvieron solos de mí
por un momento
que ahora es eterno.
Y hermoso.
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